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Alemania a una semana del 23F: ¿Elecciones o veredicto?

Foto del escritor: Adrián BrizuelaAdrián Brizuela

Faltan pocos días para las elecciones anticipadas en Alemania y la política del país parece un cuadro de Otto Dix: expresivo, caótico y con un aire de fatalidad. A una semana del 23 de febrero, el canciller Olaf Scholz y el líder opositor Friedrich Merz protagonizan un duelo a cuchillo en el centro del ring electoral, con la migración y el ascenso de la ultraderecha como temas estrella. En las calles, miles de alemanes marchan con pancartas en contra del extremismo, mientras en los platós de televisión los candidatos intercambian acusaciones que van desde la incompetencia hasta el oportunismo descarado. Todo muy democrático.


Migración: el fantasma que recorre Alemania

Si hay un tema que ha acaparado el debate político en esta campaña, es la migración. Como en una obra de Brecht, la política alemana se ha convertido en un teatro donde cada personaje representa un papel que ya hemos visto antes. Scholz y Merz coinciden en una cosa: hay que reducir la inmigración irregular. Sin embargo, mientras Scholz intenta presentar una versión moderada y pragmática, Merz adopta un tono mucho más duro, acercándose peligrosamente a las posiciones de Alternativa para Alemania (AfD), el partido ultraderechista que sigue escalando en las encuestas y poniendo nerviosos a los políticos tradicionales.

El debate entre Scholz y Merz sobre inmigración parece un ejercicio de equilibrismo: ambos saben que el electorado está preocupado, pero nadie quiere decir en voz alta lo que el otro insinúa. Merz ataca a Scholz por su “laxitud” en el control migratorio, mientras el canciller replica que no se pueden dar soluciones fáciles a problemas complejos. El trasfondo de esta discusión es evidente: la ultraderecha está capitalizando el descontento y tanto la centroderecha como la socialdemocracia intentan contener la hemorragia de votos.


La ultraderecha en el centro del tablero

No es casualidad que, en paralelo al debate político, miles de alemanes estén llenando las calles para protestar contra la ultraderecha. En Berlín, Hamburgo, Múnich y otras ciudades, ciudadanos de todas las edades han salido a manifestarse en contra del discurso racista y autoritario de AfD. El detonante de esta ola de protestas fue la filtración de un plan de la extrema derecha para expulsar a millones de extranjeros y ciudadanos de ascendencia migrante de Alemania, algo que despertó ecos demasiado familiares en un país con memoria histórica.

Pero, paradójicamente, estas protestas podrían ser un arma de doble filo. Mientras los manifestantes enarbolan pancartas contra el fascismo, AfD aprovecha la ocasión para victimizarse y reforzar su narrativa de que son una fuerza política “perseguida por el establishment”. En la política alemana de 2025, la ultraderecha ha aprendido bien la lección de sus homólogos europeos: cuanto más los demonizan los medios y los partidos tradicionales, más crecen en las urnas. Es el juego del mártir populista, y la historia ha demostrado que funciona.


¿Y el gobierno? ¿Existe?

En medio del fragor electoral, Scholz sigue siendo el hombre invisible de la política alemana. Su estilo de liderazgo, descrito por algunos como “tecno-burocrático”, ha hecho que incluso muchos de sus propios votantes se pregunten qué está haciendo exactamente. El canciller se ha aferrado a la línea de “mantener la estabilidad”, pero en un contexto donde el descontento con la inflación, la crisis energética y la inseguridad están en ascenso, prometer estabilidad suena a vender paraguas en el desierto.

La coalición de gobierno, compuesta por socialdemócratas, verdes y liberales, es cualquier cosa menos una unidad sólida. En estos días previos a la elección, la sensación de que se trata de un barco a la deriva es cada vez más palpable. Los verdes intentan mantener su agenda ambiental en un momento en el que la crisis económica ha desplazado sus prioridades. Los liberales, por su parte, oscilan entre la irrelevancia y la incomodidad de estar en un gobierno que no les satisface. Si la política alemana fuera una serie de Netflix, esta temporada estaría marcada por una crisis existencial de sus protagonistas.


El 23 de febrero: ¿Elecciones o referéndum sobre el miedo?

Más que unas elecciones anticipadas, lo que ocurrirá el 23 de febrero parece un referéndum sobre el miedo. Miedo a la ultraderecha, miedo a la migración descontrolada, miedo a un gobierno sin rumbo claro. El electorado alemán está polarizado, y la gran pregunta no es solo quién ganará, sino qué tipo de Alemania emergerá de estas elecciones.

Las encuestas muestran un escenario incierto. La CDU de Merz tiene posibilidades de imponerse, pero su postura ambigua respecto a AfD genera dudas sobre qué tipo de gobierno formaría. La socialdemocracia de Scholz parece destinada a una derrota, pero aún queda la incógnita de si podrá sobrevivir con una coalición debilitada. Y AfD, aunque no llegue al poder, está ganando terreno y reconfigurando el tablero político alemán, algo que debería preocupar a todos.


Conclusión: Un país en vilo

A una semana de las elecciones, Alemania es un país en vilo. Las protestas en las calles, los debates encendidos en televisión y las estrategias electorales plagadas de eufemismos son la antesala de un evento que definirá el rumbo político de la mayor economía de Europa. Mientras los votantes se preparan para acudir a las urnas, los candidatos afinan sus discursos y los analistas políticos se esfuerzan en descifrar un escenario donde lo único seguro es la incertidumbre.

El 23 de febrero será un día clave. ¿Habrá un giro hacia la derecha? ¿Sobrevivirá la coalición de Scholz? ¿Seguirá creciendo la ultraderecha? Alemania está a punto de decidir, y el resto del mundo observa con atención. Porque lo que ocurra en Berlín, Múnich o Hamburgo no se quedará solo en Alemania: el eco de estas elecciones resonará en toda Europa.

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